martes, 9 de diciembre de 2008

Aprendiendo a comer


Alimentarse adecuadamente es uno de los métodos más fiables para proteger y mejorar nuestro estado de salud. Actualmente vivimos en una sociedad privilegiada por la gran abundancia de alimentos, sin embargo, paradójicamente nos encontramos también con el problema de la elección de los alimentos adecuados para nuestra dieta.

Como primer punto condicionante para lograr una alimentación sana, nuestra dieta debe ser variada y que incluya alimentos de los diferentes grupos.

Carbohidratos como el arroz, pastas, pan integral, leguminosas como frijoles, vegetales, se recomiendan frutas con cascara comestible como la manzana o guayaba para aprovechar la fibra que contienen, carnes magras o bajas en grasa como el pescado, lácteos y quesos blancos, y grasas, preferiblemente aceites vegetales.

El corazón, los músculos, el sistema nervioso o el desarrollo de actividad física necesitan de un aporte continuo de energía para su adecuado funcionamiento, la cual obtenemos de los alimentos en forma de calorías.

Por ejemplo, dos cucharaditas de aceite vegetal nos brindan unas 90 calorías, así como una fruta mediana unas 60 calorías.

Lo importante es determinar un adecuado balance energético en la dieta, moderando el consumo de calorías para mantener el peso saludable y equilibrando la ingesta de alimentos, con lo que se gastan calorías, mediante la realización de actividad física o deporte.

De esta forma, se puede contribuir a prevenir enfermedades asociadas como la obesidad, la hipertensión arterial, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes, entre otras.

Otro punto importante de mencionar es la actividad física pues, generalmente, las personas que se mantienen activas tienen menor riesgo de sufrir enfermedades degenerativas, especialmente padecimientos cardiovasculares, hipertensión, infarto cerebral, osteoporosis, etc. Además, esta población controla mejor la ansiedad, el estrés y poseen mayor autoestima.

La actividad física en cualquier intensidad facilita el gasto de energía y, por tanto, ayuda a la dieta en la reducción de peso. Además, contribuye a mantener o aumentar la masa muscular si se realiza un adecuado aporte de carbohidratos, por medio de la dieta, la cual, la encontramos en arroz, pastas, leguminosas, frutas y lácteos.

Se recomienda realizar entre 30 y 60 minutos diarios de algún tipo de actividad aeróbica como el ciclismo, de intensidad moderada que ayuda a quemar una mayor cantidad de grasa.
Hay que buscar actividades físicas que resulten agradables y que se puedan hacer a diario, por ejemplo, pasear a paso veloz o usar la escalera en vez del ascensor.

Otro constituyente importante en la dieta es un adecuado consumo de agua al día (8 a 10 vasos diarios), pues no aporta calorías, pero se considera un nutriente, por los beneficios que aporta a la salud como regulador de temperatura, medio para la eliminación de desechos y transportador de nutrimentos a todo el cuerpo.

La habilidad para elegir una dieta equilibrada es algo que se aprende con el tiempo, además, la población está cada vez más sensibilizada frente a la necesidad y el deseo de mantener y/o mejorar su estado de salud nutricional.

Con fuerza de voluntad, apoyo familiar y educación nutricional por parte de un profesional, se puede, fácilmente, obtener la meta deseada.

Por Angie Tello
Nutricionista
(506)8868-3980
tello.nutricion@gmail.com

lunes, 24 de noviembre de 2008

Niños imitan la alimentacion de los padres desde temprana edad

NUEVA YORK (Reuters Health) -


Los padres que quieren que sus hijos en edad preescolar coman verduras deben analizar primero sus propios hábitos alimentarios.

Un estudio sobre 120 niños pequeños a los que se les permitió "comprar" comida en un supermercado para jugar reveló que hasta los de 2 años tendían a imitar las elecciones alimentarias habituales de sus padres.

Los niños que acumulaban productos dulces, bebidas endulzadas y "snacks" salados tenían en general padres que incluían esos productos en la lista de compras. Los niños con los hábitos de compra más saludables también imitaban a sus padres.

Los resultados, publicados en Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine, sugieren que hasta los niños muy pequeños no eligen indiscriminadamente los caramelos cuando se les da la posibilidad.

En cambio, ellos estarían ya formando sus preferencias alimentarias, potencialmente duraderas, según los hábitos de compra de los adultos.

"Los datos sugieren que los niños comienzan a asimilar e imitar las preferencias alimentarias de sus padres desde muy temprana edad, aún antes de que puedan apreciar por completo los efectos de esas elecciones", escribió el equipo dirigido por Lisa A. Sutherland, de la Escuela de Medicina de Dartmouth, en Lebanon, New Hampshire.

Eso, indicó el equipo, significa que el supermercado puede ser un aula, donde los padres les enseñan a sus hijos que alimentos como las frutas, las verduras y los cereales integrales tienen prioridad por sobre los snacks y los postres.

Para el estudio, el equipo hizo que 120 niños, de 2 a 6 años, recorrieran de a uno un supermercado para jugar.

Les indicaron a los niños que podrían comprar lo que quisieran entre 133 productos: los alimentos "más sanos" incluían a las frutas, las verduras, los cereales de grano integral, el pan y la leche.

Entre los productos "menos sanos" estaban los postres, los caramelos, las papas fritas, las gaseosas y los cereales dulces.

Los padres respondieron cuestionarios sobre la frecuencia de compra de ciertos alimentos y bebidas. Todos llevaban a sus hijos a los supermercados.

La mayoría de los niños compró algunos snacks dulces y salados; en promedio, sus carritos estaban repletos en partes iguales de productos saludables y no tanto.

Treinta y cinco niños compraron muchos más productos saludables que comida chatarra. En general, la idea de lo saludable en el carrito de compras de los niños imitaba la lista de compras de sus padres.

"Las intervenciones nutricionales para los niños comienzan en la escuela primaria. El estudio sugiere que los niños preescolares ya están formando sus preferencias alimentarias y están atentos a las elecciones de sus padres" escribieron los expertos.

Inculcarles el gusto por los alimentos saludables podría, para los investigadores, facilitar finalmente que tengan hábitos alimentarios inteligentes de por vida.


FUENTE: Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine, noviembre del 2008

viernes, 14 de noviembre de 2008

ALIMENTOS QUE MEJORAN LA CONCENTRACION

¿Estás pensando en qué comer hoy? Tal vez deberías considerar qué alimentos y bebidas pueden, de hecho, ayudarte a pensar

Carolyn O'Neil /Cox News Service

El Miércoles 12 de noviembre de 2008



Aunque la mayoría de los estudios en nutrición se han enfocado en el corazón, los huesos y la cintura, un grupo de científicos están reuniendo investigaciones sobre cómo lo que comemos afecta la salud de nuestro cerebro.
Las células cerebrales, al igual que todas la células, comienzan a necesitar de una buena nutrición desde que son creadas. Por eso, existe tanto énfasis en que tener una buena alimentación desde el embarazo y la niñez temprana es necesario para construir cuerpos y mentes saludables.
Actualmente se están realizando más investigaciones sobre cómo la nutrición puede afectar las funciones cognitivas, es decir, el nivel al que el cerebro es capaz de manejar y utilizar información disponible para las actividades cotidianas.
Así que ya sea que estés eligiendo alimentos que en el desayuno te ayuden a mantenerte alerta durante una reunión de negocios o que una botana en la tarde aumente tu poder de concentración, he aquí una lista de consejos para alimentar tu cerebro.

- No olvides los folatos. Podemos encontrar folato en el jugo de naranja, vegetales verdes, melón y cereales integrales, incluyendo los enriquecidos con ácido fólico como pan, cereales, pasta y arroz. Se ha demostrado que para mejorar el estado de alerta en adultos, la vitamina B es de suma importancia en las primeras etapas del embarazo pues con ello se previenen defectos de la médula espinal y puede ser clave en la formación de células cerebrales para la memoria.
Investigaciones realizadas en el Centro Jean Mayer de Investigación sobre Nutrición Humana de la Universidad Tufts en Boston muestran que altos niveles de folato en la sangre contribuyen a mantener controlados los niveles de homocysteina. Esto es bueno, pues niveles altos de homocysteina están relacionados con un mayor riesgo de sufrir demencia o Alzheimer. Así que tomar un vaso de jugo de naranja y una pieza de pan integral es realmente bueno para el cerebro.

- Las células cerebrales requieren de colina. Disponible en la yema de huevo, cacahuates, soya y linaza, este nutriente ayuda a darle soporte al servicio de mensajería del cerebro, conocido como neurotransmisores.
La colina también está relacionada con la producción de células nuevas. Sin embargo, de acuerdo con la nutrióloga Elizabeth Ward, quien presentó los hallazgos en la Conferencia sobre Nutrición y Alimentos que la Asociación Americana de Nutrición realizó en Chicago: "es un nutriente que con frecuencia no consumimos lo suficiente.
De hecho, menos de 10% de los niños, mujeres y hombres más grandes cumple con el consumo de colina recomendado". Ward indica que un huevo, que contiene 125 miligramos de colina, puede ayudar a disminuir esa brecha.

- Aumenta los antioxidantes. Es difícil no escuchar los beneficios de los antioxidantes en estos días. Alimentos que van desde la granada hasta la ciruela pasa contienen altos niveles de esos químicos que nos ayudan a combatir diversas enfermedades y, según científicos en nutrición de la Universidad Tufts, éstos contribuyen a combatir el estrés oxidativo y con ello, ayudar a proteger las funciones cognitivas. Así que añade algunos arándanos a tu yogurth y pide una ensalada de espinaca en el almuerzo, es bueno para el cuerpo y para la mente.

- Pon atención a los tés. Investigaciones recientes sobre el té se enfocan en sus efectos tranquilizantes y en cómo entonces podemos alcanzar una mejor concentración en la tarea que estemos realizando.
John Foxe, profesor de neurociencia, biología y psicología del City College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, descubrió que la tianina- aminoácido que se encuentra en el té- incrementa la actividad de las ondas cerebrales, lo que a su vez genera un estado mental más tranquilo y a la vez alerta. La tianina se encuentra en el té negro, verde y en el chino oolong. - Agua para el cerebro. Si tienes la mente confusa o sientes cierta irritabilidad, es posible que tengas sed. La deshidratación puede hacerte sentir desganado y letárgico y provocar problemas de concentración. Tal vez no necesites más cafeína para resistir el resto de la tarde; en todo caso asegúrate de beber agua durante todo el día. El agua de fruta y vegetales como botana también contribuyen con la hidratación.







Inf recopilada: CONEJO, G. 2008. Revista Nutrinfo.

lunes, 27 de octubre de 2008

Falsedades y mitos alimentarios

Creencias muy arraigadas, algunas sin fundamento científico, condicionan los hábitos alimentarios de numerosas personas.


El interés creciente que muestra la sociedad por la alimentación va acompañado de numerosas recomendaciones dietéticas procedentes de muy distintas fuentes. La mayoría están basadas en mitos y creencias irracionales que olvidan los principios establecidos por la investigación científica de la nutrición y, en algunos casos, se contraponen a los conocimientos sólidamente documentados con los que se cuenta en la actualidad.


Incompatibilidad de la leche con los cítricos; las frutas ácidas son malas para el reumatismo; las frutas al final de la comida engordan; el pescado alimenta menos que la carne y el huevo crudo es mejor que el cocinado. Éstas son algunas de las falsedades alimentarias que tuvieron, y aún tienen, cierta credibilidad en nuestro entorno. Ahora, expertos de la Delegación Provincial de Asuntos Sociales, el Servicio Social de Salud y la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad, todas ellas instituciones de Granada, han elaborado un compendio de este tipo de falsedades y mitos alimentarios que condicionan los hábitos nutricionales de muchas personas.


Alimentos incompatibles


No hay alimentos incompatibles y, por tanto, no es necesario establecer un orden en la ingesta
En las últimas décadas hemos asistido a una expansión de las creencias sobre alimentos que son incompatibles entre sí y que, por tanto, no pueden ingerirse juntos en la misma comida, según el presidente de honor de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) y catedrático de Fisiología de la Universidad de Granada, José Mataix Verdú. Ciertas incompatibilidades y un determinado orden de ingesta de alimentos, como por ejemplo tomar la fruta y la ensalada antes del plato principal, se han arraigado con tanta fuerza en nuestro país que son difíciles de desmentir.
Los expertos en Nutrición Clínica y Dietética de la Universidad de Granada, el Servicio Andaluz de Salud y la Delegación provincial de Asuntos Sociales de Granada, en su artículo de revisión "Creencias erróneas sobre alimentación", alegan que "es tal la variedad de alimentos y sus mezclas, y la investigación de la interacción de los nutrientes supone técnicas tan sofisticadas y costosas que los estudios científicos sobre el tema son limitados y costosos".
No obstante, afirman con contundencia que no hay alimentos incompatibles y que no es obligado establecer un orden en la ingesta. Al menos así lo avalan los conocimientos actuales sobre la digestión y la absorción en el digestivo y miles de años de experiencia humana ingiriendo alimentos en distinto orden, según la cultura y la época concreta de la historia. En este sentido, otro expertos, como Pilar Cervera, directora del Centro de Enseñanza Superior de Nutrición y Dietética (CESNID), declaran que, como criterio general, hay que mezclar los alimentos de los distintos grupos para asegurar una nutrición correcta.

Sabiduría e ignorancia en la tradición


Refranes populares como "quien come con cordura por su salud procura" o "de grandes cenas están las sepulturas llenas", son incuestionablemente ciertos, ya que se conoce bien el trinomio metabólico de ingesta, reserva y gasto energéticos y sus consecuencias sobre la salud, de las cuales la más conocida en el aspecto negativo es la obesidad.
El grupo alimentario al que pertenecen la carne y el pescado, ricos en proteínas, ha sido objeto, a lo largo de nuestra historia gastronómica, de numerosos dichos y rimas con aspiraciones educativas, algunos de ellos con tan extraños como originales fundamentos, que afortunadamente la ciencia de hoy se ha encargado de desmontar.
La idea de que "la carne alimenta más que el pescado" podría estar apoyada, según Rosaura Farré, catedrática de Nutrició i Bromatología de la Universitat de València, en el hecho de que, al tener menos grasa y menos tejido conjuntivo, el pescado se digiere con más facilidad y proporciona menos sensación de plenitud gástrica. Además, antiguamente era difícil mantener la cadena de frío para la conservación del pescado, más fácilmente alterable que la carne, por lo que era una idea común que este alimento marino era menos saludable que su homólogo terrestre. Seguramente provocaba más toxiinfecciones por su alteración y la posterior formación de histamina, responsable de urticarias por la acción química de las bacterias y de ahí el mito de su menor contenido alimenticio.
Otro ejemplo de creencia falsa es la de que el huevo crudo alimenta más que cocinado, cuando en realidad ocurre exactamente lo contrario. Cuando se fríe, cuece o escalfa este alimento, el calor coagula las proteínas que son más fácilmente atacables por los jugos gástricos en el estómago y se aprovechan en un 92%, en comparación con el 50% de aprovechamiento cuando la clara está cruda; aparte del riesgo sanitario de salmonelosis si se come crudo.


EL ORIGEN DE LOS MITOS


Debido a que alimentarse es un hecho tan biológico como cultural, hay una gran diversidad de opiniones y creencias al respecto. Según Abel Mariné, Jaume Serra y Mª del Carme Vidal-Carou, coautores del libro "Saber popular i alimentació", es lógico que con el paso del tiempo se hayan acumulado conocimientos basados en la práctica y que se den asociaciones entre los alimentos y sus efectos que hayan dado lugar a comportamientos y actitudes frente a la alimentación, que han quedado impregnados en el saber popular.
Las creencias de tiempos pasados sobre las relaciones entre la alimentación y la salud se pueden contrastar con los medios científicos actuales y es curioso comparar la gran diferencia que se aprecia entre los mitos creados en nuestros días por la publicidad tendenciosa, que ha calado hondo sobre la ignorancia, y aquellas creencias antiguas con una base empírica, transmitidas durante generaciones por la tradición oral. En todo caso, lo que necesita hoy la ciencia es una mayor difusión que desmienta esas relaciones erróneas que se atribuyeron y aún se hacen a la comida y a su influencia sobre la salud y el comportamiento humano.


Informacion Recopilada